El mar me habló de su grandeza, de su fuerza y de su inmensidad...Yo le hablé de Honduras, de su Pueblo y de sus Instituciones y se sintió pequeño...

(Parafraso del Poema de Jorge Sarabia)

jueves, 19 de junio de 2008

Una Casa Es Una Casa.

Aun no sabía si se había oído en alguna parte, o no. Tampoco sabía, si sería bueno y recomendable arriesgarse. Así mismo desconocía, cómo cojones iba a salir de allí, si la puerta estaba cerrada. Y, lo más importante de todo: ¿alguien tenía una pistola, para acabar cuanto antes?
La primera pregunta, obtuvo pronto una respuesta. Algo se había movido detrás de ella. La segunda encontró en la obviedad de la primera, la respuesta que casaba con ella, La tercera aun no tenía respuesta. Y la cuarta, simplemente era mucho pedir.
Maldijo su pantorrilla, que se quejaba con un dolor pulsante, quitándose culpas, por haberse dado con el pico de esa mesa tan baja; maldijo a quien había puesto aquella mesa; maldijo, a quien le había convencido de entrar ahí; y finalmente, se maldijo a si misma, por haberse puesto falda y no pantalones y por haber entrado.
¿Darse la vuelta? ¿Reventarse la cabeza, contra aquella puerta, por si podía abrirla y escapar o por si por el contrario la pregunta cuarta encontraba innecesaria esa infructuosa, por el momento, respuesta y se dejaba los sesos resbalando por toda la superficie de madera de abedul del obstáculo de su huida?
Más cerca. Un ruido, de arrastramiento. Imaginó, la escena, llena de glorioso y estúpido sarcasmo: lo que fuera arrastrándose.
”Por favor, por favor. Déjame asesinarte. Te prometo que te comeré después. No sufrirás. De todas formas estás muerta. No saldrás viva de aquí. ¡Qué mas te da!”
Su cerebro en la puerta.
“No, por favor. No te molestes. Ya lo hago yo.”
Una victoria a tiempo.
“Victoria ninguna. El que muere pierde. Y, una vez muerta, ¿qué más te da quien te haya matado? Tú misma o yo. Es cuestión de comodidad.”
A veces una no puede elegir. Y ahora era el momento.
“Siempre es mejor, que te traigan las zapatillas a tener que ir a por ellas.”
Creo, que esta vez me daré un paseo.
“Por la eternidad, te lo aseguro. De eso me encargo yo. Y no te costará, un puto céntimo.”
Es un momento. Con un poco de suerte, ni me enteraré.
“¡Ja, ja, ja, ja! Deja que me ría un poco, anda. Lo notarías de sobra. Puede, hasta que te hagas daños irreversibles.”
Que más me da, si me vas a matar, ¿no?
“Pero, te ahorro el esfuerzo.”
Me da igual. Creo, que con un poco de suerte y acierto…
“Tú misma, viendo tu cerebro, resbalando, como tú dices por esa puerta. ¡Ufff! No debe de ser agradable de ver!”
Noto, que te pones nervioso, cuando me empeño en hacerlo yo.
“¿Yo? ¡Vaya hombre!”
Diría que sí. Algo quieres.
“No tengo otra cosa que hacer, que molestarme, por que una “valiente”, dice que tiene los huevos suficientes para suicidarse, antes de que la maten. Por mi, como si quieres hacer un agujero en la puerta a cabezazos.”
Yo no la he pagado.
“Ni siquiera te das la vuelta, antes. Cobarde.”
Seguro, que no me pierdo nada.
“Va a ser que al final, quien tienes miedo eres tú.”
¿Tú crees?
“Tanto hablar de valentía. Y no eres capaz, ni de echarme un vistacito de nada.”
¿Tanto es lo que me pierdo?
“Compruébalo, tú misma.”
Entonces, Ellen supo que había llegado el momento. Se comenzó a dar la vuelta. Despacio. Hasta que quedó frente a…
Nadie.
La habitación, como estaba. La mesa de comedor. Las sillas a su alrededor. La alacena, con todos esos platos y figuritas. La chimenea, decorada con motivos góticos. Las cortinas, de encaje fino cubriendo las ventanas, que daban al patio inmenso, con esa fuente en el medio rodeada, de todo tipo de vegetación. Y el piano de cola, con su asiento, para cuando quisieras tocar algo.
Se sintió algo estúpida.
El miedo turbia la mente.
El terror lo distorsiona todo.
Después de todo, una casa es una casa.
“¿Eso crees?”
Una tecla del piano se pulsó, sola
Solo tuvo tiempo de ver la puerta, antes de chocar brutalmente, con ella.
Aun pudo ver, unos segundos, sus sesos corriendo, por ella…
“Ni un céntimo, como te dije. Tan solo… tu vida.”

Juan Pablo Esteban Conde.
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