El mar me habló de su grandeza, de su fuerza y de su inmensidad...Yo le hablé de Honduras, de su Pueblo y de sus Instituciones y se sintió pequeño...

(Parafraso del Poema de Jorge Sarabia)


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viernes, 11 de agosto de 2023

La noche que vi un ovni

Me llamo Ana y vivo en un pequeño pueblo del sur de Honduras llamado San Marcos de Colón. Es un lugar tranquilo y rodeado de naturaleza, donde la gente se conoce y se ayuda. Me gusta vivir aquí, pero a veces me aburro y sueño con viajar y conocer otros lugares. 

Una noche de agosto de 2023, estaba en mi casa con mi familia. Era una noche clara y fresca, y se veían muchas estrellas en el cielo. Después de cenar, decidí salir al patio a tomar un poco de aire y a mirar las estrellas. Me gustaba hacer eso cuando tenía tiempo libre, porque me relajaba y me hacía sentir parte del universo. 

Estaba sentada en una silla mecedora, con una manta sobre las piernas, cuando vi algo que me dejó sin aliento. Era una luz brillante y multicolor que se movía rápidamente por el cielo. Al principio pensé que era un avión o un satélite, pero luego me di cuenta de que no tenía forma ni sonido. Era como una esfera luminosa que cambiaba de color y de dirección a cada momento. Parecía que estaba jugando o explorando el espacio. 

Me quedé mirando la luz con asombro y curiosidad, sin poder apartar los ojos de ella. No sabía qué era ni qué hacía ahí, pero sentía que era algo especial y único. Me pregunté si era un ovni, un objeto volador no identificado, y si había alguien o algo dentro de él. Me imaginé que era una nave espacial de otro planeta, o quizás de otra dimensión, y que venía a visitarnos o a observarnos. 

La luz siguió su recorrido por el cielo durante unos minutos, hasta que se detuvo sobre una colina cercana. Entonces, hizo algo que me sorprendió aún más: se dividió en dos luces más pequeñas, que se separaron y se volvieron a juntar varias veces. Era como si se comunicaran o se divirtieran entre ellas. Luego, las dos luces se fusionaron de nuevo en una sola, y se alejaron a gran velocidad, desapareciendo en el horizonte. 

No pude evitar soltar un grito de emoción y asombro. Había sido la experiencia más increíble de mi vida, y quería compartirla con alguien. Entré corriendo a la casa y le conté a mi familia lo que había visto. Ellos no me creyeron, y pensaron que estaba bromeando o que había soñado. Me dijeron que era imposible que hubiera un ovni en el cielo, y que seguro era algún efecto óptico o una broma de alguien. 

Me sentí frustrada e incomprendida, porque sabía lo que había visto y no era ninguna ilusión ni mentira. Busqué en internet alguna noticia o testimonio sobre el ovni, pero no encontré nada. Parecía que nadie más lo había visto, o que nadie se había atrevido a decirlo. Me sentí sola y confundida, pero también agradecida y feliz por haber vivido esa noche mágica. Desde entonces, siempre salgo al patio a mirar las estrellas, esperando volver a ver el ovni o alguna otra cosa maravillosa. Sé que hay más cosas en el universo de las que podemos ver o entender, y que tal vez algún día podamos conocerlas mejor. Mientras tanto, sigo soñando y recordando la noche que vi un ovni.
 


martes, 8 de agosto de 2023

La noche del diablo

Era una noche oscura y fría en el pequeño pueblo de San Juan de Flores, en el departamento de Francisco Morazán. Un joven llamado Pedro salía de la casa de su novia, después de haber pasado unas horas con ella. Pedro era un muchacho alegre y trabajador, pero también muy curioso y atrevido. Le gustaba explorar los alrededores del pueblo y conocer los secretos que escondían las montañas y los bosques.

Pedro caminaba por el camino de tierra que lo llevaba a su casa, silbando una canción que había escuchado en la radio. No le tenía miedo a la oscuridad ni a los ruidos que provenían de la naturaleza. Al contrario, se sentía fascinado por el misterio que envolvía al pueblo. Había escuchado muchas historias de terror sobre espantos, brujas, duendes y otras criaturas que acechaban a los incautos. Pero él no creía en esas cosas. Pensaba que eran cuentos inventados por la gente para asustar a los niños.

Sin embargo, esa noche iba a cambiar su forma de pensar para siempre.

Cuando iba por la mitad del camino, Pedro vio una luz extraña que salía de una cueva que estaba cerca del río. Era una luz roja y brillante, que parecía una llama. Pedro sintió curiosidad y se acercó a ver qué era. Pensó que tal vez alguien había encendido una fogata dentro de la cueva, o que había algún tesoro escondido.

Al llegar a la entrada de la cueva, Pedro se quedó paralizado por el terror. Lo que vio no era una fogata ni un tesoro, sino una criatura horrible y repugnante. Era un ser mitad hombre y mitad cabra, con cuernos, pezuñas, cola y pelo negro. Tenía unos ojos rojos como el fuego y unos dientes afilados como cuchillos. En su mano derecha sostenía un tridente y en su izquierda una cadena.

Pedro reconoció al instante a la criatura: era el diablo.

El diablo lo miró con una sonrisa malvada y le dijo con una voz grave y ronca:

Hola, Pedro. Te estaba esperando.

Pedro no podía creer lo que veía ni lo que oía. ¿Cómo sabía el diablo su nombre? ¿Qué quería de él? ¿Cómo podía escapar?

Pedro trató de correr, pero el diablo lo sujetó con su cadena y lo arrastró hacia la cueva.

No te resistas, Pedro. Tengo un trato para ti.

- ¿Qué trato? - preguntó Pedro con miedo.

-Te ofrezco riqueza, poder y fama. Todo lo que quieras en esta vida. A cambio, solo tienes que darme tu alma.

- ¡No! ¡Nunca! - gritó Pedro.

- Piénsalo bien, Pedro. Puedes tener todo lo que deseas. Solo tienes que firmar este contrato con tu sangre.

El diablo le mostró un papel negro con letras rojas, donde estaba escrito el pacto infernal.

- No me interesa tu contrato ni tus mentiras. Déjame ir - dijo Pedro.

- Está bien, Pedro. Si no quieres aceptar mi oferta, te daré otra opción.

- ¿Cuál? - preguntó Pedro con esperanza.

- Te dejaré ir si me respondes correctamente una pregunta.

- ¿Qué pregunta? - preguntó Pedro con desconfianza.

- Una pregunta muy sencilla: ¿Qué es lo más importante en la vida?

Pedro pensó rápidamente en la respuesta. ¿Qué era lo más importante en la vida? ¿El dinero? ¿El amor? ¿La salud? ¿La felicidad?

Pedro recordó entonces las palabras de su abuela, quien siempre le decía:

"Lo más importante en la vida es Dios, hijo. Él es el creador de todo lo bueno y el protector de los justos. Siempre confía en Él y sigue sus mandamientos.''

Pedro sintió entonces una fuerza interior que le dio valor y fe. Miró al diablo a los ojos y le dijo con firmeza:

- Lo más importante en la vida es Dios.

El diablo soltó un grito de rabia y frustración. La respuesta de Pedro era correcta y el pacto se había roto. El diablo no podía retenerlo más y lo soltó.

Pedro aprovechó la oportunidad y salió corriendo de la cueva, sin mirar atrás. Se alejó lo más que pudo del río y del camino de tierra. Llegó a su casa y se encerró en su cuarto, agradeciendo a Dios por haberlo salvado.

Desde ese día, Pedro cambió su forma de ser. Ya no era curioso ni atrevido, sino prudente y humilde. Ya no exploraba los alrededores del pueblo, sino que se dedicaba a su trabajo y a su familia. Ya no escuchaba canciones en la radio, sino que rezaba el rosario con su abuela. Y ya no dudaba de las historias de terror que le contaban, sino que las respetaba y las temía.

Pedro nunca volvió a ver al diablo, pero tampoco olvidó la noche en que lo conoció. Y siempre recordó la lección que aprendió: lo más importante en la vida es Dios.



martes, 18 de julio de 2023

Ahora estamos a mano

Fotografía: Tomas Anunziata
Era una noche oscura y tormentosa, el 13 de octubre de 1996. Yo conducía mi camión por una carretera solitaria de Honduras, cerca de la frontera con Nicaragua. Llevaba una carga de frutas y verduras que debía entregar al día siguiente en Tegucigalpa. Estaba cansado y aburrido, así que puse la radio para escuchar algo de música y noticias. 

De repente, vi una figura en a la orilla de la carretera, a unos cien metros de distancia. Parecía un anciano, vestido con un traje gris y un sombrero de ala ancha. Me extrañó que alguien estuviera ahí, a esa hora y con ese clima, pero pensé que quizás necesitaba ayuda o un aventón. Así que reduje la velocidad y me acerqué al hombre. 

Cuando estuve a unos diez metros, encendí las luces altas para verlo mejor. Fue entonces cuando sentí un escalofrío que me recorrió la espina dorsal. El anciano no tenía rostro, solo un agujero negro donde deberían estar sus ojos, su nariz y su boca. Su piel era pálida y arrugada, como si fuera un cadáver. Y lo peor de todo, me miraba fijamente, con una expresión de odio y rencor. 

No sé cómo reaccioné tan rápido, pero pisé el acelerador a fondo y traté de esquivar al fantasma. Pero fue inútil, el anciano se lanzó contra mi camión y atravesó el parabrisas como si fuera humo. Sentí su mano fría y huesuda agarrar mi cuello y apretarlo con fuerza. No podía respirar ni gritar, solo veía su rostro sin rostro frente al mío. 

Entonces escuché su voz en mi cabeza, una voz ronca y grave que me dijo: “Tú eres el culpable. Tú me mataste. Hace diez años, en este mismo lugar, me atropellaste con tu camión y te fuiste sin ayudarme. Me dejaste morir solo y sangrando en la cuneta. Y desde entonces te he estado buscando, para vengarme de ti. Ahora vas a pagar por lo que hiciste”. 

No podía creer lo que oía. Yo nunca había matado a nadie, ni siquiera había estado en esa carretera antes. Era una mentira, una pesadilla. Quise decirle al fantasma que se equivocaba, que me dejara en paz, pero no pude hablar ni moverme. Solo sentí cómo su mano apretaba más y más mi garganta, hasta que todo se volvió negro. 

No sé cuánto tiempo pasó, pero cuando desperté estaba tirado en el asiento del conductor, con el camión detenido en el arcén. La radio seguía sonando, pero la música había cambiado a una canción triste y lenta. Miré el reloj y vi que eran las tres de la madrugada. Me llevé la mano al cuello y noté un dolor intenso y unas marcas rojas. 

Me asomé por la ventana y busqué al anciano, pero no había nadie. Solo había lluvia y oscuridad. Me pregunté si todo había sido un sueño o una alucinación, pero las marcas en mi cuello me decían lo contrario. Había sido real, había visto al fantasma de un hombre que me acusaba de haberlo matado.

Sentí un miedo terrible y quise salir de ahí lo antes posible. Arranqué el motor y puse la marcha atrás para dar la vuelta. Pero cuando miré por el retrovisor, vi algo que me heló la sangre. El anciano estaba detrás de mi camión, sonriendo con una boca llena de dientes podridos. Y levantó la mano derecha, en la que sostenía una pistola. 

Antes de que pudiera reaccionar, escuché un disparo y sentí un impacto en mi pecho. El dolor fue insoportable y caí sobre el volante. La última cosa que vi fue su cara sin cara mirándome desde el espejo. Y la última cosa que oí fue su voz diciéndome: “Ahora estamos a mano”.

martes, 10 de septiembre de 2019

Sacrificios animales en honor a un dios

Los sacrificios animales son una practica extinta dentro del cristianismo y la gran mayoría de los grupos religiosos catalogados dentro de la categoría de religiones. Esta semana Honduras convulsionó por el caso de un Pastor evangélico que realizó el sacrificio de una cabra en el altar de la iglesia, ¿que significa este acto?.

Pastor del Ministerio MIEL de Ocotepeque
realizando sacrificio animal en el altar.
A lo largo de la historia el ser humano ha realizado sacrificios humanos para honrar, pedir o agradecer a su dios o dioses. 

La ofrenda de sangre satisfacía la necesidad de dichas entidades y mantenía el equilibrio y la paz entre ellos y el mundo terrenal.

La biblia cristiana ofrece muchos relatos en los que se ofrece a Dios sacrificios animales, posteriormente esta practica se convirtió en algo simbólico y oficialmente desapareció, de igual manera otras religiones la retiraron de sus rituales. 

En medio oriente es todavía común encontrar esta practica.

Polémica

Ciertos grupos religiosos mas tradicionales han sentido como una ofensa la presión para que no se realice el procedimiento de sacrificio puesto que lo han realizado generación tras generación.

El motivo que ha obligado a modificar estas practicas ha sido la presión de parte de grupos ambientalistas que critican severamente las condiciones del sacrificio convencional, que consiste en la muerte del animal mientras se encuentra consiente (el sufrimiento es parte del ritual) y luego su carne es quemada, a diferencia de los Judíos que consumen dicha carne.

Las iglesias, sobre todo el Cristianismo y todas sus ramas, han buscado separarse de los sacrificios para hacer llegar mas efectivamente el mensaje de paz y de respeto a las vidas, el sacrificio animal es el paso previo a los sacrificios humanos, tal como sucedía en sociedades como los mayas o los aztecas.

Pastor hondureño realiza sacrificio en culto

El Pastor evangélico René Henriquez llamó la atención al realizar el sacrificio de una cabra durante un culto del Ministerio MIEL de Ocotepeque.

Durante la ceremonia Henriquez con ayuda de dos seguidores sorprendió a los fieles llevando una cabra al altar. Según explico la cabra era Jesus en su retorcida interpretación de la pasión. El Pastor explicó que Jesus tal como una cabra fue sacrificado para el perdón de los pecados de toda la humanidad.

El Pastor procede a tomar el cuchillo y lo desliza con delicadeza por el cuello del animal que emite sonidos de agonía y permanece convulsionando durante unos segundos antes de morir, posteriormente toma su sangre y mancha con ella su prenda blanca, luego los fanáticos aplauden la acción que estaba en ese momento siendo grabada.

Las religiones quieren cambiar los estigmas y convertir un mensaje que históricamente ha sido de violencia en uno de paz y aprendizaje. Estas acciones mas allá de la reacción de algunos grupos de moda marca un retroceso, no para la iglesia, para todo el mundo, sobre todo en un país que trata día a día de superar la violencia y la ignorancia.